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4. Un nuevo juicio
Individualmente leed este texto y luego formad grupos de seis para hacer la actividad del final.


Sócrates (470-399 a. C.) es quizá el personaje más enigmático de la filosofía. Nació en Atenas y se pasó la mayor parte de su vida por calles y plazas conversando con la gente. "Los árboles en el campo no me pueden enseñar nada," decía. Sabemos de Sócrates que era feo de remate. Era bajito y gordo, con ojos saltones y nariz respingona. Pero de él se decía: se puede buscar y rebuscar en el pasado, pero nunca se encontrará a nadie como él. Y, sin embargo, fue condenado a muerte por su actividad filosófica.
El objetivo de Sócrates no era enseñar a la gente; daba más bien la impresión de que aprendía de las personas con las que hablaba. Él no enseñaba como cualquier maestro de escuela. No, no, él conversaba. Sócrates fingía ser ignorante y obligaba a la gente a utilizar su sentido común y que vieran por ellos mismos los fallos de su razonamiento.
Esto se llama ironía socrática.
Sócrates no cobraba dinero por sus enseñanzas. Él se llamaba a sí mismo filósofo, que quiere decir el que busca la sabiduría. Un filósofo sabe que en realidad sabe muy poco de la vida y del mundo, que hay un montón de cosas que no entiende y, precisamente por eso, intenta conseguir verdaderos conocimientos.
En el 399 a.C., fue acusado de introducir nuevos dioses y de "llevar a la juventud por caminos equivocados".
Sócrates se interesó por el ser humano y por sus problemas y pensaba que era imposible ser feliz si uno actúa en contra de sus convicciones. Sócrates fue un filósofo que no estaba seguro de nada, pero nada le era indiferente y buscaba conseguir conocimientos correctos. Era un racionalista que creía que los conocimientos correctos conducen a acciones correctas.

Por una escasa mayoría, fue declarado culpable por un jurado de 500 miembros. Hubiera podido pedir clemencia y se hubiera salvado si hubiera dejado Atenas, pero si lo hubiera hecho, no hubiera sido Sócrates.

Continuación