FICHA II

1. En Nueva York no hay otro restaurante vasco. Siendo un restaurante español, como lo es, yo me quería significar con algo diferente. Quiero mantener una personalidad propia: me disciplino y me comprometo -a pesar de que me encantan el resto de las cocinas españolas- a tener siempre un 80% de platos vascos.

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2. Vine a Nueva York en el 89 por motivos personales: a mi marido, que trabajaba en un banco alemán, lo destinaron aquí.

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3. En absoluto. En “Marichu”, no. No me adapto al gusto de los americanos: yo me mantengo en mis trece. Presento los platos tal como se hacen en el País Vasco. Esto fue difícil al principio, cuando nadie me conocía, pero soy terca como una mula y no cedí. Si hay un plato sin guarnición, lo presento así, tal cual: no puedes traicionar al plato.

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4. Hay que distinguir entre la nueva cocina vasca y la tradicional. Yo me dedico a la tradicional, porque es la que domino y conozco: “zapatero a tus zapatos”. Lo más importante de la cocina vasca es la calidad de sus productos, la materia prima, que es magnífica: fundamentalmente los pescados, ya que estamos en el Cantábrico. Y, por otra parte, la disciplina de ir al mercado TODOS los días, cocinar TODOS los días -mi madre sigue yendo, en Bilbao, todos los días a la compra-. No se congela, se hace todo a la antigua usanza. La cocina vasca es una cocina natural, muy sana, con productos comprados cada día, muy frescos y bien combinados.

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5. Todos los productos frescos son locales. Las conservas, aceite, vinos... todo es español.

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6. Un plato, no. No se puede. Tendría que decir varios. Diría... el marmitako, el bacalao al pil-pil, los chipirones en su tinta, almejas en salsa verde, sopa de pescado...

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7. Me encantan las angulas, los chipirones, el bacalao al pil-pil... un chuletón, si tengo ganas de carne.

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8. Al principio cocinaba lo mismo que mi madre en mi casa: por eso el restaurante se llama “Marichu”, que es el nombre de mi madre. Por supuesto, a lo largo de estos años he ido aprendiendo, mejorando, evolucionando. Me tiene que convencer mucho un plato para que lo incluya en la carta.

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9. Voy al mercado y tengo proveedores fijos. Aquí no hay diferencia con una comida doméstica: tengo 10 mesas. Prefiero que se acabe un producto a congelarlo. No congelo.

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10. Ya que estamos fuera de nuestro país, yo completo mi carta vasca con algunos platos emblemáticos españoles. Platos que son lo mejor de cada región y que yo sé hacer: como la paella, la fideuá, el gazpacho, el ajoblanco, el salmorejo, el potaje de berros, las migas, el cocido.

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11. Sólo privadamente, en casa. Pero, como casi todos los vascos, he cocinado siempre.

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12. Estoy terminando un libro que se va a publicar ahora en inglés y se va a traducir al español.

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13. Por mi familia, por el entorno. Todos los vascos llevamos un cocinero dentro, hombres y mujeres. Estás en la playa, en la cola de un cine... y siempre hay alguien que te pregunta una receta. Es algo que lo vivimos.



Continuación