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Érase una vez hace muchos, muchísimos años, cuando había hadas y gigantes y duendes, un país en el que vivían todos los números. Había familias enteras de unos, que salían juntos a pasear y desde lo lejos parecían una sola línea larga, larga, todos juntos. A los treses lo que más les gustaba era ir saltando como muelles por las calles asustando a los ceros que salían rodando en estampida en cuanto les veían llegar. Los doses se deslizaban por las calles con su gran patín, saludando a los demás números que se iban encontrando a su paso.

Un día de verano, cuando todos estaban de vacaciones, los números decidieron hacer una excursión. Como no podían ir todos juntos finalmente decidieron que iría sólo uno de cada uno de ellos. Así en una larga fila se pusieron en marcha el 1 seguido del 2, luego el 3, el 4, el 5, el 6, el 7, el 8, el 9, y al final del todo el 0, del que todos se burlaban porque era un poco gordito y al que le decían que no valía nada.

Caminaron por ciudades desconocidas llenas de extraños personajes, se encontraron con las letras, la ciudad de las figuras geométricas& A su paso el 8 miraba todo muy fijamente con sus lentes y tomaba nota para poder contar todo a los demás números cuando regresaran. Después de mucho caminar al 6 le pesaba ya mucho su barriguita y les pidió por favor a los demás números que pasaran la noche en la ciudad de las formas geométricas. Era un lugar familiar y agradable lleno de cuadros, círculos, triángulos y rectángulos grandes, grandes...

Como era verano y todo el mundo estaba de vacaciones tuvieron muchos problemas para encontrar un lugar donde dormir todos juntos. Por fin encontraron, ya casi fuera de la ciudad, un hotel chiquito, chiquito, en el que pasar la noche. En el hotel había sólo dos habitaciones vacías. Una de ellas con muchas pequeñas camitas y otra con camas grandotas. (Señalamos las dos fichas para indicar que representan las dos habitaciones y dentro de ellas las camas.)

Rápidamente todos decidieron ir a la habitación con camitas individuales y se fueron acomodando cada uno en su cama. (A continuación, iremos colocando de uno en uno cada uno de los cubos con su número correspondiente sobre las siluetas dibujadas en la ficha. Podemos hacerlo más participativo si pedimos voluntarios entre los estudiantes para ir colocando cada uno de los números). Primero el 1, luego el 2, luego el 3, así hasta el 9; pero el 0 no tenía espacio, no había cama para él. Lo volvieron a intentar una y otra vez, pero no había manera.

El 1 y el 7, los más delgaditos intentaron meterse juntos en una de las camas, incluso culparon al 5 y al 6 por ser los más gorditos. Pero no conseguían resolver el problema. El 9, el más alto de todos, miraba por encima de todos a la cama grandota de la habitación de al lado, pero no se le ocurría nada. Por fin, el 4 que había estado sentado, pensando todo el rato, habló a los demás números y les dijo así:

Amigos míos, ¿por qué no nos juntamos todos, hacemos un solo grupo e intentamos dormir todos juntos en la cama más grande? Así lo hicieron, uniéndose de uno en uno y para su sorpresa tenían el tamaño perfecto y justo para la cama más grande. Todos juntos en un grupo pudieron pasar la noche y descansar plácidamente.

A este grupo formado por cada uno de los números lo llamaron decena, por estar formado por un representante de cada uno de los diez números que habían salido de viaje. A la mañana siguiente el dueño del hotel, un triángulo muy grande y con unos bigotes enroscados, muy, muy enroscados, les preguntó qué tal habían dormido. Ellos le explicaron todo lo que habían hecho hasta encontrar una solución. Al triángulo le pareció una idea fantástica y decidió, a partir de ese momento, tener en su hotel camas en las que pudieran dormir los números agrupados en decenas o de uno en uno, pero nunca en camas más grandes que para diez ni más chiquitas que para uno solo. Y así todos juntos hicieron el camino de regreso, y al llegar explicaron a todos los demás el nuevo sistema que habían inventado para agruparse cuando fueran muchos de viaje.

Historia inventada por Rodrigo Alonso Páramo

     
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