| AUTOBIOGRAFÍA Nací en la Mancha hace cuatro décadas. A pesar de haberlas vivido intensamente, todavía no he conseguido la paz interior. Vivo los ocho primeros años de mi vida en mi pueblo natal. Me dejan una huella profunda y suponen el primer indicativo del tipo de vida que no quiero para mí. Después me traslado con mi familia a Extremadura, sin un duro (Madrigalejo, Cáceres). Estudio bachillerato elemental y superior. Y dactilografía. Esto último es lo único que me ha servido en el futuro. De la época extremeña añoro los ríos, de la manchega todavía me perturban los pozos (la idea de una persona desesperada, mirándose por última vez en el reflejo oscuro del agua antes de lanzarse). En Cáceres recibo (es un decir) educación religiosa, salesiana, para ser más preciso. Un ritmo y una pesadilla, por ser eufemístico y sintético. A los 11 años, ante la ausencia de manifestaciones divinas, dejo de creer en Dios. El cine ocupa su lugar. Un poco antes descubro la lectura a través de la colección Reno, de la mano de Julio Verne, Françoise Sagan, Mika Waltari, Herman Hesse, Lahos Zilahy y Walter Scott. No recuerdo haber tenido juguetes en mi infancia, ni tampoco me recuerdo jugando con niños. Ya desde pequeño mi espectáculo favorito era oir hablar a las mujeres. A los 16 rompo con la familia, que me tenía preparado un futuro de oficinista en un banco del pueblo, y me vengo a Madrid, a labrarme un presente más de acuerdo con mi naturaleza. Vengo decidido a trabajar y estudiar, pero vivir me roba las 24 horas del día. Aun así tengo que extraer de donde |
puedo ocho horas para trabajar diariamente en la Telefónica, como auxiliar administrativo... La experiencia no es tan negativa como parece a simple vista. La Telefónica me proporciona una información de valor incalculable sobre la clase media-baja española. Me compro una cámara de súper 8 y empiezo a rodar. Hasta ahora, 12 películas en formato comercial y múltiples películas de 8. No sé de dónde saco el tiempo, pero también me enrolo en el grupo de teatro Los Goliardos y escribo todos los días algo. Algunos relatos aparecen en revistas tipo El Vívora. Empiezo a relacionarme con el underground de Madrid y de Barcelona (Mariscal, Nazario, Ocaña, etcétera). Vivo intensamente la explosión madrileña desde 1977 hasta 1983. Y participo en todo lo que huele a diversión. Hago fotonovelas porno-punki para El Vívora. Canto. Bailo. Y escribo en periódicos y revistas, siempre sobre mí o sobre lo que me gusta. Parte de esta obra se recopila en forma de libro. Actúo con el grupo Almodóvar-MacNamara, destrozando todos los géneros, desde el pop al rock más sucio, pasando por las rancheras. Grabamos dos discos cutrísimos, con letras dadaístas, que ahora sólo se consiguen en tiendas de segunda mano a 10.000 pesetas. Cinco amantes. Engordo. Escribo y ruedo películas . Triunfo fuera y aquí. Adelgazo. Y de repente me veo en los años noventa. Sigo rodando. No me siento feliz; sin embargo, creo que soy un hombre afortunado.
El País Semanal, 17/10/93
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