14/03/1998
Los chicos son más consumistas que las chicas, pero ellas gastan la mitad de sus ingresos en ropa.


CONSUMO

Sólo uno de cada tres españoles de entre 24 y 29 años es autosuficiente económicamente y puede independizarse de sus padres
CARLOS NOVO

  MADRID. -- En contra de la creencia generalizada, los chicos son más consumistas que las chicas, y se dejan influir más por cuestiones como la moda, las marcas o la publicidad. "El dato rompe clichés, pero es que los hábitos de consumo de los jóvenes españoles han cambiado mucho en los últimos diez o quince años", explica el profesor Manuel Martín Serrano, autor de la encuesta Juventud y Consumo presentada ayer por el Instituto Nacional del Consumo con motivo del día mundial de los Derechos del Consumidor, que se celebra mañana domingo día 15.
   La encuesta revela que los jóvenes destinan sus ingresos principalmente a la compra de vestuario (más de la mitad de su dinero) y la elección depende mucho de la "tribu" o grupo al que pertenecen, aunque tal influencia disminuye con la edad. A partir de los 24 años, los factores determinantes de la compra son ya siempre el precio y, en buena medida (un 79 %), la calidad.
   El informe establece la franja de la juventud entre los 14 y los 29 años. En este grupo están actualmente 9.482.000 personas, esto es, uno de cada cuatro españoles.
   Las diferencias entre ellos y ellas son apreciables. Ellos asocian el consumo "con disfrutar en abundancia de cosas" y ellas con "satisfacer necesidades". Los chicos prefieren de forma mayoritaria y casi exclusiva la participación en grupos que practican deporte. Las chicas tienen un abanico de intereses más variado y se inclinan hacia aquellas actividades que además de entretenerlas sean útiles para formarse o conseguir empleo. Leen y se preocupan mucho más por la cultura.
   Ellos prefieren bienes que les permitan parecerse al grupo de referencia (coches, motos, vestuario de marca). Buscan bienes que les permitan movilidad. Ellas optan por diferenciarse unas de otras. Se interesan más por bienes que les proporcionan permanencia (habitación propia, casa propia, muebles).

El autor del estudio, catedrático de Ciencias de la Información, asegura que "el consumo de los jóvenes satisface necesidades distintas y responde a pautas diferentes de las que encontrábamos en las generaciones de sus hermanos mayores, que ahora tienen entre 35 y 40 años".
   Según el informe, el consumo de hoy en día constituye mucho más que antes un factor de socialización y de identidad. "Una de las claves de hoy --explica Martín Serrano-- es la prolongación del tiempo en que los jóvenes siguen siendo jóvenes."
   Sólo una de cada tres personas de entre 24 y 29 años es autosuficiente económicamente. Se tienen recursos económicos, pero no tanto como para emanciparse. A diferencia de otros tiempos, "nuestros jóvenes suelen ser ricos en bienes y en tiempo libre, pero muy pobres en espacios. Lo que demandan no es ni más cosas ni más tiempo, sino espacios en donde poder manifestarse como jóvenes y hacer cosas que entienden que les distinguen del mundo de los adultos".

  Sin tensiones
  Sin embargo, la permanencia de los jóvenes en el hogar familiar no provoca tensiones. "Si algo caracteriza también a nuestra juventud es su muy buen acuerdo con el universo de los padres", explica el profesor Martín Serrano.
   El problema podría ir por otro sitio. Según el informe del Instituto Nacional de Consumo, "los gastos anuales dedicados a la educación en los hogares españoles han pasado del 14,8 por mil en 1980 al 18,8 por mil en 1997. "Las familias han tenido que reorganizar sus economías para afrontar el incremento de costes y la prolongación del tiempo de estudios. Los progenitores están pagando la formación de sus hijos con unos ingresos que podrían necesitar para sus años de jubilación."
   La encuesta revela también que la iniciación al consumo suele generar insatisfacción. A ello contribuyen varios factores: el elevado esfuerzo económico que supone en términos relativos la adquisición de bienes, las expectativas excesivas en la satisfacción que les vas a proporcionar ese bien y una actitud crédula hacia la publicidad.

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