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¡A encontrar a tu pareja!

    Has recibido el nombre de un animal del mundo maya.
    No se lo digas a nadie … Imita tu animal hasta encontrar
    a tu pareja. ¡Recuerda que no puedes hablar!


El príncipe Kuk

Había una vez en el reino de Tzutuha una princesa muy hermosa llamada Mactzil. Un día se alejó de su reino hasta llegar a los bosques sagrados de Chiapas. Cuando caminaba por estos bosques, la princesa vio a un bellísimo kuk -quetzal- posado en una rama. Era el príncipe de los quetzales, quien al verla tan hermosa se enamoró perdidamente de ella. Días despúes el príncipe Kuk y la princesa Mactzil se casaron y por un tiempo vivieron felices en el bosque.

Más un día la princesa sintió nostalgia por su familia, por lo que le pidió a su esposo que regresaran a su reino, acabando el príncipe por acceder a su ruego. Cuando llegaron a Tzutuha fueron recibidos con grandes festejos. Una noche, Mactzil soñó que los pájaros verdes del bosque iban en busca de su señor, y que éste, volviendo a su forma primitiva, alzaba el vuelo, dirigiéndose a la espesura de su reino, de donde jamás regresaría.

Asustada la princesa decidió, después de consultar a los adivinos, vigilar al príncipe Kuk a todas horas, aún cuando dormía. Un día, cuando Kuk paseaba por los jardines del palacio, le salieron al encuentro varios quetzales convertidos en humanos. Habían llegado a pedirle que volviera a su reino. El príncipe Kuk, aunque amaba mucho a su esposa, decidió volver a su reino al día siguiente.

Durante la noche, cuando las sombras se hicieron más espesas, mágicamente adquirió su forma de pájaro quetzal, y acercándose a la hermosa Mactzil, la besó delicadamente en su labios. La princesa se despertó, y al ver al quetzal a su lado dio de gritos, ordenando que cerraran todas las puertas del palacio y que le cortaran las alas para evitar que el príncipe pudiera huir.

El príncipe Kuk intentó volar, pero sus esfuerzos fueron inútiles. Convencido el príncipe Kuk de que jamás volvería a su reino, sintió un terrible dolor y angustia que le rompió el corazón, muriendo en ese instante. Es por eso que desde entonces, el príncipe de las aves, el sagrado Kuk, el hermoso quetzal, muere en cautiverio, ya que los dioses dispusieron que el ave de plumas verdes solamente debe vivir en lo más profundo de la selva.

(Este cuento es una adaptación del que aparece en Leyendas mexicas y mayas de Otila Meza. 1991. México, D.F.: Panorama Editorial.)

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